Como no seguí un orden establecido cuando narré nuestros pasos por la capital de Serbia, voy a dedicar esta última entrada sobre Serbia a todo lo que vimos y me faltó comentar, que por otro lado no es mucho. Las anteriores entradas sobre Belgrado fueron la llegada, los primeros pasos que dimos, el Kalemegdam , el museo de Nikola Tesla y el parque de Karadjordge.
Otro de los sitios que visitamos fue el parque de Karadjordge que se encuentra algo alejado del centro de la ciudad y se necesita hacer una buena caminata para llegar. Aún así, eso no significa que se encuentre a las fueras.
Otro de los museos que visitamos en nuestra visita a Belgrado fue el del prestigioso inventor Nikola Tesla, tal vez eclipsado en fama por su contemporáneo y rival Thomas Alva Edison. Tesla realizó un montón de invenciones y muchas de ellas beneficiosas para la humanidad, que tienen que ver con la electricidad, los campos electromagnéticos y otros tantos que no alcanzo a entender del todo como licenciada en historia que soy. Este inventor tiene su origen en Serbia, que en ese momento era del Imperio austro-húngaro, mas estuvo muy poco tiempo pasando por Austria, Eslovenia, República Checa o EEUU, donde obtuvo la ciudadanía y donde murió ya de anciano a los 86 años y pobre.
Se dice que Edison envidiaba a Tesla por su ingenio y más de una vez trató de hacerle boicot. Igualmente Marconi tuvo su disputa sobre el invento de la radio que se le atribuyó, aunque se demostró que Tesla lo descubrió antes. También se dice que muchos de sus inventos eran beneficiosos para la humanidad en su conjunto, pero no para las grandes empresas eléctricas, lo que provocó rumores sobre el incendio en el laboratorio de Tesla que supuso la destrucción de algunos documentos. El Gobierno de EEUU incautó muchos documentos a la muerte de Tesla que, años más tarde, la familia de Tesla y Yugoslavia lograron recuperar.
A pesar de que los inventos de Tesla fueron igual o mucho más importantes que los de Edison y Marconi, lo cierto es que Marconi ganó el premio Nobel. Luego, en teoría, Tesla iba a compartir un Premio Nobel con Edison, pero según las justas o malas lenguas a este último no le dio la gana y no se lo llevó ninguno. Al final, el único reconocimiento que ganó Tesla irónicamente fue la Medalla Edison.
Llevo mucho sin escribir, algo más de dos meses, pero tras mi graduación y las vacaciones en Malta decidí tomarme unas vacaciones con el blog para disfrutar tranquilamente del verano. La verdad es que cuando menos tienes que hacer y estás libre de estrés, ¡menos haces! Tampoco es que apetezca en verano con el buen tiempo estar mucho en casa ¡Trataré de volver a coger algo de ritmo!
Puerta Zindan, la antigua entrada principal a la fortaleza
En otra entrada ya había hablado de los primeros pasos que dimos por Belgrado, así como de nuestra llegada, y lo dejé cuando íbamos a ir a Kalemegdam. Como hay mucho que contar de este lugar, voy a dedicar la entrada completa a esta fortaleza.
Ya había hablado en otra en ocasión de como fue la experiencia de cruzar la frontera de Serbia por Hungría. En esta entrada voy a continuar donde lo dejé esa vez. Nada más bajar del tren, comenzó nuestro primer día en Belgrado.
En octubre del 2011, cinco personas decidimos cogernos un tren desde Budapest y pasar unos días en Belgrado, la capital de la República de Serbia, así como de la antigua Yugoslavia. Su nombre significa "Ciudad Blanca" y siempre ha sido muy disputada a lo largo de la historia, especialmente por Bizancio, Hungría, Bulgaria y los otomanos. Los serbios, por su parte, siempre han luchado por su independencia. La ciudad se fundo sobre un asentamiento celta y luego llegaron los romanos que fundaron una ciudad llamada "Singidunum", pero en el siglo IX ya aparece el nombre eslavo de Beligrad. Algunos de los nombres que le dio Hungría, fruto de sus continuas diputas e intereses en la zona, fueron Fehérvár, Nándorfehérvár o Landorfehérvár, los cuales siguieron manteniendo la esencia de su nombre "Ciudad Blanca". Fehér en húngaro es blanco y vár es ciudad.
Pepe, Sabela, Migue, Gabriele y yo en el hostal
El caso, y para no desviarme con datos históricos, es que prácticamente nuestra única opción para llegar allí era cogernos un tren. Los precios no están nada mal y nos costó unos 27€ ida y vuelta. El trayecto dura poco más de 7 horas, por lo que nuestras dos opciones eran o viajar de día y pagar una noche de hostal a lo tonto porque sería llegar de noche o viajar de noche, dormir en el tren y llegar a primera hora de la mañana para aprovechar más el día. Nos decantamos por la segunda opción y fue bastante horrible. Esperábamos al menos dormir dos horitas mal dormidas, pero ni eso. La verdad es que había la opción de ir en coche cama, pero no lo hicimos.
Cuando fuimos a coger el tren ya había mucha gente ocupando las cabinas, así que nos tuvimos que separar. Sabela, Gabriela y Pepe se fueron a una cabina con otros dos chicos extranjeros creo recordar y Migue y yo acabamos en otra cabina con una pareja de serbios. Desde el primer momento intentamos acomodarnos para dormir y apagamos las luces de la cabina, pero no hubo manera.
A eso de las tres de la mañana, habíamos conseguido quedarnos media sopa, pero llegamos a la frontera de Serbia. Pasó la policía húngara a revisar los pasaportes y nos volvimos a quedar medio dormidos, pero al rato el tren volvió a parar. Migue tenía unas pierna estirada hacia la puerta y un hombre serbio vestido de militar deslizó abruptamente la puerta corredera, encendió la luz y dio una patada a Migue en la pierna mientras no paraba de gritar "Passports! Passports!" Yo le enseñé mi pasaporte, en el que parezco una etarra. Lo miró y lo requetemiró y al final lo selló. Migue no tenía pasaporte, pero por suerte, aunque Serbia no pertenezca a la Unión Europea, aceptan el DNI sin problemas. Cuando llegamos a Belgrado, enseguida nos reunimos con los demás y tampoco habían conseguido dormir porque en su caso eran más en la cabina y les habían puesto la calefacción tan alta que se estaban asando. A pesar de todo, aguantamos muy bien el día de turismo. Ya lo contaré en otra ocasión.
Migue y yo nos quedamos bastante asombrados por esa bienvenida y ya nos temíamos lo peor de que nos íbamos a encontrar en Belgrado. Por suerte, no fue así y nos encontramos con gente muy amable, a parte de que nos gustó mucho la ciudad.
Dejo el vídeo que Migue grabó justo después del suceso con el militar y la llegada a Belgrado, aunque salgo con un poco de cara demacrada por el cansancio.